Ciencia y Pseudociencia en el mundo del cannabis medicinal


Existe base científica y médica sólida que sustenta la utilización terapéutica de los cannabinoides en el manejo de muchas enfermedades, pero eso no significa que la planta vaya a ser la solución casi mágica a todos los problemas de salud.

En un artículo reciente, Ekaitz Agirregoitia resumía los aspectos más importantes del estudio comparativo y recopilatorio llevado a cabo por la Academia de ciencias de Estados Unidos y publicado en 2017 donde se analizaba la evidencia científica que sustentaba la utilización terapéutica de estos compuestos. En el estudio, se indica que en algunos casos existen evidencias concluyentes o sustanciales que apoyan la utilización de cannabinoides en el tratamiento, por ejemplo, del dolor crónico en adultos o las náuseas y vómitos inducidos por la quimioterapia. El estudio también concluye que hay otras posibles aplicaciones para las que la evidencia que sustenta la existencia de un beneficio asociado a la utilización de cannabinoides es aún moderada, limitada o insuficiente; bien porque todavía resulta necesario realizar estudios adicionales para aclarar su potencial terapéutico en el tratamiento de una determinada enfermedad, o bien simplemente porque los cannabinoides podrían no ser eficaces en el tratamiento de alguna de esas enfermedades.



Pero ¿qué se requiere para poder avanzar en la consolidación de las evidencias que sustentan una afirmación científica, como por ejemplo la posible utilización de los cannabinoides para el tratamiento de una determinada enfermedad? Como siempre que nos referimos a conclusiones basadas en evidencia, el trabajo de investigación que puede ayudar a aclarar y consolidar cualquier observación avanza lentamente porque requiere del desarrollo de múltiples experimentos en modelos preclínicos. Así, para entender los efectos de los cannabinoides en una determinada enfermedad, la aproximación habitual sería desarrollar experimentos en modelos celulares y animales de esa enfermedad, donde se pueda analizar con detalle el efecto de los cannabinoides, pero también desarrollar otros experimentos encaminados a entender el mecanismo por el que estos compuestos ejercen sus efectos. Muchas de estas aproximaciones experimentales son laboriosas, deben ser repetidas en múltiples ocasiones para estar seguros de que son reproducibles y tienen un importante coste económico. Además, al final de ese proceso no basta con haber obtenido los resultados que creemos que ratifican nuestra idea, sino que el trabajo debe ser recopilado de manera sistemática y enviado a publicar a una revista científica, donde será revisado de manera exhaustiva (y anónima) por otros investigadores que sean especialistas en el campo de que se trate. Estos revisores deben evaluar, y en su caso refrendar, la calidad y validez de los resultados obtenidos, y por tanto en numerosas ocasiones piden que se aporte información adicional, o que se desarrollen nuevos experimentos que terminen de convencerles de la validez y relevancia de las conclusiones del trabajo presentado.